El título del curso me inspira la idea de una Iglesia donde cada persona bautizada tiene algo valioso para aportar, más allá de los roles o ministerios específicos que desempeñe. La palabra "vivida" me parece especialmente significativa porque invita a pasar de los conceptos a la experiencia concreta, a la manera en que nos vinculamos, escuchamos y discernimos en comunidad. También me sugiere que "la fuerza del laicado" no proviene solamente de las personas que lo integran, sino de su presencia en los distintos ámbitos de la vida cotidiana: la familia, el trabajo, la educación, la política, la cultura y los espacios de compromiso social. Allí es donde la fe se encarna y puede transformarse en testimonio.
Considero válido el título porque refleja un cambio de mirada que hoy resulta necesario: comprender que la misión de la Iglesia es compartida y que todos estamos llamados a participar activamente, escuchándonos mutuamente y reconociendo la riqueza de los distintos carismas y experiencias.
Como idea clave pienso que una Iglesia más sinodal no depende solamente de nuevas estructuras, sino de una verdadera disposición a escuchar, dialogar y caminar juntos.