El laicado es una fuerza vital para la iglesia, desde sus inicios donde se reconoce como único y eterno sacerdote a Cristo, que llamó a los 12 apóstoles para que continuaran su labor, uniéndose luego a la labor evangelizadora muchos laicos, hombres y mujeres.
El Señor hizo un llamado personal pero sus mensajes eran a sus apóstoles, discípulos y el pueblo De Dios que lo seguía y lo buscaba para conocerlo y escucharlo, formándose comunidades con la gracia y fuerza del Espíritu Santo.
La Sinodalidad ha adquirido nuevamente el sentido de los inicios del cristianismo, caminar en comunión participación y misión. Los laicos nos reconocemos corresponsables como bautizados , llamados a dar testimonio de nuestro encuentro personal con Jesús de forma que sea atrayente para quien nos ve y escucha por medio de coherencia entre vida y fe como fruto del trabajo en una conversión constante con miras a la santidad.