Ir al contenido

¡Bienvenido!

Comparta y comente sobre el mejor contenido y las mejores ideas de marketing. Construya su perfil profesional y conviértase en un mejor mercadólogo.

Registrarse

Debe estar registrado para interactuar con la comunidad.
Se marcó esta pregunta
Como moderador, puede validar o rechazar esta respuesta.
Aceptar Rechazar
1 Vista

Cuando Jesús comienza su predicación anuncia una certeza que atraviesa todo el Evangelio: «El Reino de Dios está cerca» (Mc 1,15). Siempre me ha llamado la atención que Jesús no presenta el Reino como una idea que debemos comprender, sino como una realidad que comienza a suceder. El Reino se hace visible cuando los ciegos recobran la vista, los excluidos vuelven a la mesa, los pecadores experimentan el perdón y a los pobres se les anuncia una Buena Noticia (cf. Lc 4,18-19; 7,22). Por eso, hablar del Reino exige mirar la historia concreta y preguntarnos dónde está siendo levantada la vida y dónde, por el contrario, sigue siendo herida.

Quizá una de las imágenes más hermosas sea la mesa. Jesús come con publicanos y pecadores, acepta la cercanía de quienes otros rechazan y multiplica el pan para una multitud hambrienta. En esas comidas aparece algo profundamente nuevo: el otro deja de ser extraño y comienza a formar parte de mi propia vida. Por eso Jesús puede decir que aquello que hacemos con uno de sus hermanos más pequeños, con Él lo hacemos (cf. Mt 25,40). El Reino transforma entonces nuestra manera de existir. Ya no puedo comprenderme separado del hermano, porque Dios mismo ha querido encontrarme en su rostro.

Esto me hace pensar que el Reino crece cada vez que permitimos que la vida del otro tenga lugar en nosotros. Cuando su hambre me importa, cuando su dolor interrumpe mi comodidad, cuando su palabra es escuchada y cuando compartimos el pan, comienza a aparecer entre nosotros esa vida que Jesús anunciaba. Tal vez por eso enseñó a pedir «venga tu Reino» diciendo inmediatamente «danos hoy nuestro pan de cada día» (Mt 6,10-11). El Reino esperado toca el pan cotidiano, las relaciones y la dignidad humana.

Creo que allí está también el desafío para nuestra Iglesia. No basta anunciar que el Reino viene; estamos llamados a dejarnos transformar por él. Jesús lo compara con una pequeña semilla que crece silenciosamente (cf. Mc 4,30-32). Quizá esa semilla comienza precisamente cuando dejamos de preguntarnos solamente quién es mi prójimo y permitimos que resuene la pregunta que atraviesa el Evangelio: ¿de quién estoy dispuesto a hacerme prójimo para que el Reino de Dios pueda hacerse visible entre nosotros?

Avatar
Descartar

Su respuesta

De una respuesta sustancial, si desea hacer un comentario sobre la pregunta o la respuesta, utilice la herramienta de comentarios. Recuerde que siempre puede revisar sus respuestas, no es necesario responder dos veces a la misma pregunta. Tampoco se le olvide votar, ayuda a seleccionar las mejores preguntas y respuestas.