El aporte más valioso y que más me ha resonado durante las sesiones por Zoom ha sido la centralidad y peso que se le dio a la categoría «pueblo de Dios» para referirse a la Iglesia en la constitución dogmática Lumen Gentium.
En clase, el P. Galli nos explicó cómo en los primeros borradores de este documento, esta categoría tenía un lugar secundario (casi nulo), pero luego, gracias a las intervenciones y diálogos entre los obispos (la acción del Espíritu), se convirtió en uno de los ejes centrales de la constitución (solo después de la categoría «misterio») y de todos los documentos conciliares y postconciliares.
Esta categoría, que tiene raíces veterotestamentarias y fue plenamente asumida en el Nuevo Testamento (laos), es posiblemente la que mejor describe a la Iglesia (propuesta del P. Galli que compartimos también), pues no es analógica o metafórica (como «cuerpo» o «templo») sino que es “un concepto pleno”.
Por eso, tiene mucho sentido que esta categoría haya sido una de las más utilizadas y reflexionadas en el Concilio y en el magisterio postconciliar (especialmente en el Papa Francisco), sino también de manera especial en el proceso sinodal que estamos viviendo como Iglesia.
Frente a estos datos, queda la incógnita: ¿podrá ser superada en centralidad o importancia esta categoría por la eclesiología del futuro por otras categorías o imágenes también bíblicas y válidas?