Debo confesar que el único concepto que tenía presente sobre la Eclesiología de lo visto en mi formación sacerdotal, la cual culminé hace 14 años era Cuerpo de Cristo. Haber trabajado en este curso la categoría Pueblo de Dios, me permitió reconocer tanto el origen, como el sentido sobre el cual el Magisterio de los Pontifices Juan XXIII y Francisco, principalmente enfocaron sus reflexiones desde los ambitos social, doctrinal y magisterial.
Es en el Pueblo de Dios, donde todos y cada uno de nosotros como bautizados nos ubicamos, más aún nos sentimos comprometidos a conocer, cuidar y valorar cada día más nuestra Iglesia. Asumirnos parte del Cuerpo de Cristo nos compromete, pero nos motiva más a trabajar por el bienestar de nuestra Iglesia el reconocernos ciudadanos del Reino, en el que somos artesanos del mismo, y por lo tanto dispuestos a caminar juntos en comunión, participación y misión por una misma intención: la salvación.