Un saludo fraterno a todos. El tema del Pueblo de Dios en la eclesiología sinodal permite comprender que la Iglesia no es solamente una institución, sino una comunidad convocada por Jesucristo y guiada por el Espíritu Santo. Desde el Nuevo Testamento, el Pueblo de Dios está llamado a vivir la comunión, participar activamente y anunciar el Evangelio, haciendo presente el Reino de Dios en la historia.
El Concilio Vaticano II, especialmente en Lumen gentium, recupera esta comprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios y destaca la dignidad y corresponsabilidad de todos los bautizados. En este horizonte, la sinodalidad invita a caminar juntos, escucharse, discernir y asumir la misión como una responsabilidad compartida.
La Iglesia está llamada a ser luz para los pueblos, desde el encuentro, el servicio y el testimonio de Cristo. Este camino plantea un desafío permanente: ¿cómo seguir construyendo una Iglesia donde todos puedan sentirse escuchados, participar y aportar a la misión que Cristo le confía?