No basta rezar por el Reino de Dios, hay que trabajar también para que se produzca.
Nuestra fe se ve desafiada en todas partes del mundo contemporáneo. Nos enfrentamos al desafío de un mundo totalmente secularizado que cuestiona radicalmente la relevancia y el significado de la fe cristiana en su forma actual.
Jesús mismo expresó su misión con estas palabras: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera encendido!» (Lc 12:49). La visión de Jesús apuntaba a una transformación radical del mundo que lo trastornaría todo y de ninguna manera dejaría a la gente en paz. El poder manifestado en la palabra de Jesús se manifiesta en la de la comunidad; la semilla de la Palabra, una vez sembrada, crece irresistiblemente hacia su objetivo. Como vino «no para ser servido, sino para servir», así también su mayor distinción radica en ser los últimos de todos y siervos de todos.
Dado que el Reino es un poder dinámico que irrumpe constantemente en este mundo, el llamado al arrepentimiento es permanente y está dirigido a todos, no solo a los pecadores, sino también a los justos que no han cometido pecados graves. La conversión requiere:
1. Dar un giro: «Permítelo en tu vida». Convertirse significa, ante todo, volverse hacia Él, responder a un llamado que me llega desde atrás.
2. Que brote: «Que brote de dentro de vosotros». La conversión significa dejar que las aguas vivificantes del Espíritu Santo broten de dentro de nosotros y nos den vida.
3. «Hacerse niño»
La parábola de hacerse niño (Mc 10:15; Lc 18:17) nos presenta otra manera de entender la conversión: “en verdad os digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño pequeño no entrará en él (Mc 10:15)”.
4. Llegar a ser semejantes a Cristo: «Dejen que Cristo habite en ustedes». Desde el punto de vista de Pablo, la conversión ocurre cuando Cristo se manifiesta en nosotros (Efesios 3:14-19).
5. Pensar de forma diferente: “Mirar la realidad con los ojos de Jesús”.
La conversión no es algo que sucede una sola vez, sino una exigencia que requiere respuesta cada vez que se predica el Reino. Pecar significa negarnos a que el poder del Reino determine el rumbo de nuestras vidas.
6. Compromiso con los valores del Reino
Jesús no se oponía tanto a la ley en sí, sino a la forma en que se aplicaba.
Los valores que necesitamos en nuestra vida diaria: ágape (amor incondicional), humildad, justicia/rectitud moral, misericordia, servicio, solidaridad, paz, Verdad.
La clave de Jesús para interpretar y comprender la ley era la “compasión y el amor”. Consideraba el amor como el factor clave para vivir de acuerdo con la ley. Por consiguiente, resumió la ley en el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo: el amor al prójimo es un principio que mostraba cómo observar la ley a la luz de las circunstancias, en lugar de una norma que debe obedecerse sin importar las circunstancias