Para dinamizar el método vale la pena preguntarse: ¿Cómo generar la interacción y romper la linealidad? Para que el método sea verdaderamente histórico, debe transformarse en una espiral hermenéutica, mediante estos tres dinamismos: (1) La precomprensión: Admite que cuando empieza el "Ver", ya se lleva un "Juzgar" implícito (valores, fe, prejuicios, etc.). Hacerlo consciente evita el sesgo objetivista de creer que somos observadores neutros; (2) Retroalimentación continua: El "Juzgar" ilumina el "Ver", pero el "Ver" sacude y reconfigura la forma de "Juzgar" (la fe se encarna y madura al confrontar el sufrimiento humano); y (3) El criterio de la praxis: Si el "Actuar" no transforma la historia ni genera nuevas preguntas interpretativas, significa que el discernimiento se quedó en un ejercicio intelectual y no en una verdadera praxis pastoral.
La prioridad de la realidad y la teología como "acto segundo", donde Gutiérrez invirtió la relación tradicional entre la teoría y la práctica. Para él, el método no empieza con ideas abstractas, sino con la experiencia viva del pobre. Gutiérrez purifica el "Ver" de todo objetivismo científico o sociológico frío. Para él, "Ver" la realidad de América Latina no es contar pobres, sino compartir su vida y su dolor. Es una experiencia fenomenológica/empática profunda: el compromiso previo con el oprimido (acto primero) es lo que permite ver la realidad de verdad. Si no hay inserción real en el mundo de la vida (Lebenswelt) del pobre, el "Ver" es falso, requiriendo alteridad, base verdadera de la intersubjetividad.