El hablar de ecoespiritualidad es una urgencia encarnada, e implica comprender que la fe, la justicia ambiental y los derechos humanos forman un solo tejido . El gemido de la Tierra es el mismo clamor de los pobres y los más vulnerables. implica denunciar con valentía las estructuras que despojan a las comunidades de sus medios de vida, anunciar la esperanza a través de la organización colectiva, la solidaridad comunitaria y el cuidado mutuo. La crisis ambiental nos afecta a todos por igual; en las ciudades el conflicto suele percibirse ajeno o distante, mientras que en los territorios son las familias más empobrecidas quienes asumen el impacto directo del despojo y la contaminación. Me resuena profundamente la verdad histórica de que defender la Creación es, defender la dignidad humana. De manera desgarradora en Honduras, este compromiso ha implicado el sacrificio de vidas humanas. La memoria imborrable de defensores territoriales, visibilizan un doloroso ciclo y asimilar que proteger la casa de todos signifique enfrentar persecución, criminalización o la muerte. Transformar ese dolor implica asumir que la Casa Común no es algo ajeno a nosotros: somos parte de ella. La conversión del corazón se demuestra cuando rompemos el aislamiento entre la ciudad y el campo, acuerpando las luchas territoriales desde la educación ambiental y la movilización . Defender la Creación es defender nuestro futuro, nuestra dignidad y nuestro derecho a existir en paz.
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