La sinodalidad es un desafío al que todos estamos llamados a transitar, como camino vocacional, siendo hijos en el Hijo por la gracia del Bautismo. Desde este ser bautizados nos constituimos siervos y ministros al servicio del Reino del Padre.
Por lo que la sinodalidad no es un simple poner en práctica nuestra vocación, sino realizar con nuestra vida en una comunidad como mujeres y varones nuestro ser en familia.
En una comunidad habrá responsabilidades diferencias, lo que el sínodo llamó «corresponsabilidad diferenciada», pero no en detrimento una de otra, sino como servicio de responsabilidad frente a una comunidad específica.
Creo que debemos plantearnos el camino que como hermanos realizamos cada uno en nuestro compartir la vida de bautizados. Si nos reconocemos como hermanos entonces no estaremos buscando el dominio al otro, pero si nos reconocemos como personas que tenemos capacidades de liderazgo entonces caeremos una vez más en la trampa de dividir ministerio ordenado y ministerio laical…
La autoridad que mana de quien ejerce la conducción de una comunidad no es fruto de sus conocimientos, de su manera de liderar, sino justamente de la manera de llevar adelante el ministerio y servicio a los demás, como Jesús, el siervo al servicio del siervo.
¿Qué camino de sinodalidad queremos tomar el de ser ministros y siervos o el de líderes que lleven adelante un servicio diferenciado?