El Reino de Dios, experiencia de Liberación, desde un camino sinodal.
“Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis”. Mateo 10, 7-8
Hablamos de Reino de Dios porque es el mensaje central de Jesús, para él, es lo único absoluto, lo demás es relativo. En el Antiguo Testamento Reino, hace alusión a la justicia, y aquella realeza que está al servicio de la ley. Hace alusión además al gran retorno del pueblo de Israel, a la renovación de la Alianza y a la espera de la llegada del gran día del Señor. (Lv 25, 8-15)
El A. T. anuncia y prepara al pueblo a un Reino por llegar, y el N.T. anuncia y ofrece el Reino que ya llegó, aunque, envuelto en la fe y no a la manera del poder y la gloria temporal.
En este sentido, entendemos el Reino, como Dios mismo que quiere compartir nuestra condición humana y nuestra propia historia para así poder liberarla. Es la irrupción y presencia definitiva de este compartir de Dios en su Hijo Jesucristo, que por lo mismo encarna para siempre el Reino entre nosotros. Y la Iglesia -lugar de Jesús y donde su reino se revela y ofrece decisivamente- vive y actúa en favor de ese Reino.
En Marcos 1, 14, se lee el Reino ya llego… esta en medio de Ustedes… es como Dios mismo, es real, pero invisible, esta presente pero desapercibido. No está sobrepuesto a lo humano, sino que es la infiltración-por así llamarlo- de Dios en lo humano y crece y actúa en medio de nosotros paulatinamente.
Este Reino es la Obra exclusiva de Dios, se ofrece como don, y progresa con dinamismo propio, es pura misericordia, gratuidad y no depende de los méritos de quienes son llamados a estar con él.
Cristo es la presencia visible del Reino, el es su origen y su concentración, El mismo es la meta y la puerta de acceso, en el habita la plenitud de Dios que lo origina todo. Y este Reino ofrecido, es la misericordia misma de Dios, en su Hijo Jesús actuante en la historia que ha venido para liberarla de las esclavitudes del mal y del pecado. Por eso mismo el Reino se hace presente donde existe la justicia, el perdón, la solidaridad y el amor.