La sinodalidad vivida es uno de los mayores desafíos en la iglesia de hoy y para mi, se convierte en un signo de esperanza, crecer y transformar un concepto teórico en realidad vivida, sin duda para esto necesitamos de la fuerza de laicado, y la fuerza en su significado mas amplio (movimiento, valentía, superar adversidad, etc) no en un sentido de lucha ni polarización, sino en voluntad de tomar conciencia y apropiarnos de nuestra vocación bautismal para poder caminar en dialogo, con el otro clero y laico.
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Necesitamos fuerza para romper el clericalismo, del cual hemos aportado laicos y los consagrados como clero. Pasar de la pasividad a ser sujeto de activo con la misma dignidad de pueblo de Dios.
Soy consciente que lo mas probable es que no logre ver una iglesia sinodal, pero quiero aportar mi grano de área para que en un futuro, los que hoy soñamos con sinodalidad no seamos considerados un peligro o el enemigo, sino un hermano de comunidad que desea tener espacios de escucha real, discernir juntos, para tomar las mejores decisiones en favor de la iglesia teniendo siempre a nuestro Señor en el centro.
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