Estoy muy contenta de realizar este curso y de ir entendiendo la vocación que el Señor ha puesto en mi camino: el servicio a los niños, niñas y jóvenes más desatendidos. Pero me surge una inquietud que quiero compartir con ustedes: ¿cómo hablarles y mostrarles a un Dios que los ama desde cada una de sus realidades, sabiendo que en sus hogares no hay presencia de Dios?
Los invito a reflexionar juntos: ¿qué gestos, palabras o actitudes concretas pueden convertirse en ese primer anuncio de un Dios cercano para quienes no lo conocen en casa? ¿Cómo acompañarlos sin imponer, desde la escucha y la presencia, para que descubran que son amados incondicionalmente?
Creo que la clave sinodal está en caminar a su lado, no delante ni detrás. Un abrazo oportuno, una mirada que acoge, una palabra de aliento, un espacio seguro donde puedan ser ellos mismos: todo eso ya es anuncio. No se trata de llenar vacíos con discursos, sino de ofrecer un amor gratuito que refleje el rostro de Jesús. Cuando se sientan valorados y escuchados, irán intuyendo que detrás de ese amor hay Alguien más grande. Confiemos en que el Espíritu Santo ya actúa en sus historias, incluso donde no hay presencia explícita de Dios en casa.! ¡Gracias!