El Documento Final del Sínodo profundiza como Pueblo de Dios que camina unido, su fundamento está en la dignidad bautismal pues todos los bautizados participan de la misión de Cristo y reciben dones del Espíritu, aunque con diferentes carismas, ministerios y responsabilidades.
Esto implica pasar de una participación entendida como simple colaboración a una corresponsabilidad eclesial basada en escuchar, discernir y participar en la misión.
La autoridad jerárquica permanece, pero se ejerce mediante la escucha, el discernimiento comunitario y el servicio, recordando que debemos ser una Iglesia de puertas abiertas. Los laicos adquieren un papel fundamental en esta renovación eclesiástica, porque su participación no depende únicamente de una autorización de la jerarquía, sino que nace de su propia dignidad bautismal. El Documento Final reconoce que los laicos, hombres y mujeres, poseen carismas, experiencias y capacidades necesarias para la vida y misión de la Iglesia. Por ello, están llamados a participar activamente en la evangelización, la formación, el servicio comunitario y los procesos de discernimiento y decisión, según sus responsabilidades.