El título me parece muy potente, lleno de positividad y energía. Pasamos muchos años descargando en el clero (por lo menos aquí, en España) la responsabilidad de vivir una fe y un compromiso cristiano desde el convencimiento de ser Iglesia "de pleno derecho". Y esto viene nos viene reconocido desde el bautismo, aunque no lo hayamos descubierto en la mayoría de los casos.
Ha sido una grata sorpresa, gracias a estas clases, descubrir que en las primeras comunidades nunca hubo una jerarquización piramidal como la actual, sino un reparto de responsabilidades según las características de cada una de ellas. Y algo muy importante: las mujeres tenían una implicación y un reconocimiento, nunca un sometimiento.
Seguir ahondando en el tema me parece vital e imprescindible, tanto a nivel personal como comunitario. Y además aportará fundamentos para rebatir a quien trate de poner reticencias o freno a que vivamos nuestro compromiso laical en sinodalidad.