Me parece que un buen modelo a seguir en la construcción de una Iglesia sinodal es la afirmación de san Pablo en la carta a los Gálatas: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. La participación de los laicos y mujeres es fundamental, pues son miembros de la Iglesia, discípulos-misioneros y además forman parte de la gran mayoría del Pueblo de Dios, su liderazgo y servicio es fundamental. Recordar que el liderazgo en la Iglesia no es un signo de poder ni de dominio, sino un servicio para la comunidad. No hay cristianos de primer y segundo nivel, todos hemos sido incorporados a Cristo, el cual no se aferró a las prerrogativas de su condición divina, sino que se humilló a sí mismo tomando la forma de siervo... Es por ello, que siguiendo el ejemplo de Cristo y luchando por tener sus mismos sentimientos, estamos llamados a caminar juntos y recibir nuestro llamado no como privilegio sino como pertenencia y llamado al servicio.
¿Qué actitudes deben ser revisadas en nuestras comunidades para que se respeta la dignidad y liderazgo de cada bautizado?
¿El sacerdocio ministerial, por parte de los ministros y laicos, es visto como un llamado de servicio?