La idea que descubro como eje rector en las lecturas es que el Reino de Dios no es un concepto y por eso no es definible. El Reino es una realidad dinámica que se descubre en todo su poder y esplendor cuando se sigue a Jesús, cuando se hacen propias sus opciones, valores y principios. El Reino es y se despiega en la praxis de Jesús y de su comunidad alternativa en medio del mundo, del contexto social, político, cultural y religioso específico. No es teoría sobre un reinado utópico, es la accíon salvífica del Dios y Padre de Jesús que actúa ya eficazmente en la historia para liberar de toda opresión, aunque de modo que solo puede ser percibido por aquellos que se atreven a seguir al profeta de fuego de Nazaret (como le llama José Antonio Pagola). Pero el Reino, obsesión de Jesús, es el resultado de la interacción entre gracia y respuesta libre del ser humano. ¡Dios no puede reinar si el ser humano no se lo permite! ¡El misterio inefable del amor respetuoso de Dios a la libertad humana! La sinodalidad (caminar junto a Jesús y los hermanos hacia la Patria definitiva) es imposible si no se sigue a Jesús, simple y sencillamente, porque él es (en palabras de Jurgen Moltmann) la personificación del reino de Dios y ese Reino se caracteriza por la fraternidad, la escucha respetuosa y empática del misterio insondable que es cada uno en su irrepetible alteridad. Dejar a Dios ser Dios y al otro ser otro es la base indefectible e irrenunciable para que el Reino se haga presente y la sinodalidad sea posible.
Quiero agradecer al profesor por su invaluable enseñanza, su capacidad para hacernos reflexionar y motivarnos para emprender el discipulado y abrazar el proyecto de Jesús, para bien de la Iglesia y del mundo entero.