Definitivamente que encerrar en una frase el sentido de qué se haya encarnado Jesús y nos otorgue nueva vida sería: ‘el anuncio del Reino’, ha sido ese su propósito, que nosotros como sus seguidores debemos proseguir en el cumplimiento de esa misión. Jesús se preocupó y anuncio el Reino con palabras y obras, basta echar una mirada a la Sagrada Escritura y lo comprobaremos, vivió una total coherencia que nos platea el modelo a perseguir.
Lo llevó hasta el extremo que entregó su vida por él. Si bien, quererlo conceptualizar es problemático por que tan gran riqueza no puede ser contenida y supera todo aquello que podemos decir, lo cierto es que, algunos rasgos pueden ser puntualizados y servirnos cómo parámetro de nuestras vidas, refiriéndonos a: la justicia, la paz, la verdad, la gracia, el amor, etc., luchar por hacer presente alguno de estos rasgos es empeñarse por hacer presente el Reino de Dios.
Un punto clave que nos ayuda a comprender con mayor nitidez el Reino, es el Evangelio, la buena nueva expresada desde cuatro evangelistas, Marcos, Mateo, Lucas y Juan, puesto que cada uno expresa y destaca desde su perspectiva en la persona de Jesús la manifestación del Reino: en san Marcos lo refiere cómo un proceso, que se va haciendo presente y a su vez, que ya está aquí; en san Mateo lo señala como una promesa que se reveló en los milagros de Jesús; en san Lucas cómo el mensaje que Jesús compartió en su vida terrena; en san Juan el Reino que es anunciado cómo la salvación.
En fin, como se llegó a señalar en una sesión y es con lo que quiero cerrar: aunque en nuestra sociedad no tenemos los referentes contextuales que nos vinculen con un reino, lo cierto es que reconocemos los elementos esenciales y podemos establecer que este Reino que Jesús nos anunció, no tiene un rey sino un Padre, no existen los súbditos pues sólo hay hijos, y lo que nos lleva a obedecer es la experiencia del amor, lo que nos vincula y sostiene. Recordar y esforzarme por ser un buen hijo de Dios debe ser mi compromiso diario.