PUEBLO DE DIOS, SINODALIDAD Y MISIÓN
Al leer a Galli encontramos varios elementos que se relacionan entre sí: el Pueblo de Dios, la reforma-conversión misionera, los discípulos misioneros, la piedad popular encarnada en la realidad de cada pueblo y los pobres en el corazón de Dios y de la Iglesia; no son temas separados, pues Francisco propone una Iglesia que se reforma cuando sale a evangelizar; por eso la conversión es un cambio de nuestras mentalidades, prácticas y estructuras eclesiales. Galli lo expresa con claridad cuando presenta la misión como camino de la reforma y recuerda el deseo de Francisco de que las estructuras se vuelvan más misioneras.
Esta conversión tiene como sujeto al Pueblo de Dios y, desde el bautismo recibimos una dignidad y somos llamados a participar en la vida y en la misión de la Iglesia; todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio y cada bautizado está llamado a vivir como discípulo misionero. La Iglesia es un pueblo peregrino que camina en la historia y que, con distintos carismas, ministerios y vocaciones, comparte una misma responsabilidad evangelizadora.
La vinculación con la sinodalidad se cuando la misión pertenece a todo el Pueblo de Dios, necesitamos aprender a caminar juntos, escucharnos, dialogar y discernir bajo la acción del Espíritu.
El Documento Final del Sínodo recuerda que la Iglesia nace del bautismo y que los fieles son convocados a la santidad y a la misión como un pueblo reunido por Dios, no como individuos aislados.